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La historia de las dos piedras – CREATIVIDAD

15 Nov

Hoy, mi compañera de Máster Miriam Sorolla, nos ha hablado de la creatividad en la clase de Habilidades Directivas. Para diferenciar el pensamiento lateral y el pensamiento lógico, hemos realizado algunas actividades creativas en clase: dividir al menos 9 cuadrados en 4 partes iguales, unir 9 puntos de una figura sin levantar el lápiz ni pasar por el mismo punto y formar cuatro triángulos equiláteros con 6 palillos. También nos ha dado un ejemplo de pensamiento lateral, de Edwar Bono, que cito a continuación:

Había una vez, en un pequeño pueblo, un granjero a quien no le alcanzaba la plata para devolver una importante suma de dinero que le había sido prestada por un viejo muy feo y muy antipático.  Como el granjero tenía una hija muy linda que despertaba todas las ansias del prestamista, éste último le propuso un trato: le dijo que le perdonaba su deuda si él le daba a su hija en matrimonio. Tanto el granjero como su hija quedaron horrorizados con esta propuesta.

(…) El viejo prestamista les dijo que iba a colocar una piedra blanca y una piedra negra dentro de una bolsa vacía. La chica debía sacar una de las piedras de la bolsa sin mirar el interior. Si sacaba la piedra negra, se casaría con el viejo prestamista y la deuda de su padre se sonciseraría pagada. Si sacaba la piedra blanca, no tendría que casarse con el viejo y la deuda de su padre quedaría  perdonada. Pero si ela rehusaba entrar en este juego, su padre sería inmediatamente enviado a la cárcel.

Mientras iba diciendo esto, el viejo prestamista se agachó para recoger las dos piedras. La chica, que tenía el ojo rápido, se dio cuenta de que las dos piedras que había recogido eran ambas negras y las había puesto rápidamente dentro de la bolsa. Pero ella no dijo nada.

A continuación, el viejo prestamista le pidió a la chica que metiera la mano dentro de la bolsa y tomara una de las piedras. Todo ello había tenido lugar en el pequeño camino que lleva a la puerta de la casa del granjero, que estaba recubierto por piedras blancas y negras.

La pobre chica estaba desesperada pues parecía que no tenía escapatoria a un infausto futuro: cualquier piedra que eligiese sería negra, lo que la obligaba al casamiento, si se negaba al acuerdo, denunciando la trampa, su padre iría inevitablemente a la cárcel.

Luego de un momento de meditación, la joven metió la mano en la bolsa y cogió una cualquiera de las piedras, pero al sacar la mano de la bolsa la dejó caer al suelo sin que nadie hubiera tenido tiempo de verla, y se disculpó asustada.

Esta piedra se confundió inmediatamente con los cientos de piedras negras y blancas que formaban el camino de entrada a la casa. ¡Ay, qué torpe soy!, exclamó la chica. ¿Cómo puede pasarme algo así? Pero, no importa, prosiguió rápidamente. Todo tiene solución. Se puede saber cuál es la primera piedra que saqué, sacando la que queda en la bolsa. Porque si la que queda es blanca, había sacado la negra y si la que queda es negra, yo había sacado la blanca. ¿No es así?

Le pidió al viejo prestamista que sacara la que quedaba y, por supuesto, era negra. El padre abrazó a su hija llorando de emoción exclamando: ¡Has sacado la blanca, has sacado la blanca!

Y como el viejo prestamista no se atrevió a confesar su trampa, la joven pudo salvar a su padre de la cárcel y a sí misma de un casamiento por conveniencia.

¿Qué pasaría en esta historia si el razonamiento se hubiera hecho bajo las premisas del pensamiento lógico?

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