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Factor clave de éxito y el trabajo en equipo

31 Oct

En el artículo nº55 de la revsita Catenaria (octubre 2010), titulado “El triunfo de la inteligencia” (J.M., Aldanondo), hay una serie de factores del éxito del trabajo en equipo que me gustaría comentar.

Para presentar el artículo, J.M. Aldanondo menciona el protagonismo de los mineros chilenos durante el rescate el jueves 5 de agosto de 2010: 33 mineros estuvieron atrapados a 720 metros de profundidad durante 70 días cerca de Copiapó.

Algunos medios escriben:

Las labores de rescate comenzaron el mismo día en la noche, planificando, asegurando el área, realizando reconocimiento de la mina e ingresando en búsqueda de lugares de acceso, y acumulando recursos humanos y logísticos. En la madrugada del viernes, grupos de rescatistas empezaron a trabajar para lograr acceso por una chimenea de ventilación. Un nuevo derrumbe se produjo en la tarde del sábado 7 de agosto, necesitando entonces maquinaria pesada para continuar con las tareas. (http://timerime.com/es/evento/1509320/Mineros+de+Chile/)

Las principales factores del éxito de esta historia, que podría haber terminado en catástrofe, fueron:

  • el apoyo del gobierno: empresas, organismos  e instituciones que pusieron su conocimiento al servicio de la misión
  • el trabajo colaborativo: rescatistas, ingenieros, geólogos, operadores, médicos, psicólogos, etc.
  • la tecnología de hoy en día: prolongación de los sentidos (McLuhan)

J.M. Aldanondo también incluye el término de “inteligencia” a la hora de definir el éxito en esta labor, entendiendo el término como: “Una persona es inteligente cuando es capaz de aprender rápidamente. La inteligencia (o la ausencia de ella) es un factor calificativo que se aplica naturalmente a las personas”. A pesar de la inteligencia con la que contamos las personas de manera individual, no se puede pensar en la inteligencia de una empresa en sí, como proponen algunos eslóganes: business intelligence. Según J.M. Aldanondo, las empresas no pueden ser inteligentes porque carecen de cerebro. Para él, el aprendizaje y la gestión del conocimiento residen en el cerebro de las personas y este se encarga de realizar las siguientes funciones:

  • Sacar partido y aprovechar todo lo que sabes
  • Registrar, sistematizar y almacenar los aprendizajes que te ocurren en todo momento y lugar para inyectas  dichos activos a tu memoria para su utilización posterior

El cerebro logra realizar estas operaciones gracias a la predicción y anticipación sobre qué ocurrirá después. Esta predicción solo es posible cuando la persona ya cuenta con conocimientos previos sobre el tema. En el momento en el que se tiene conocimiento, el cerebro actúa de forma automática. Sin embargo, cuando el cerebro está aprendiendo, este se paraliza para enfrentar la nueva situación que desconocía y analizarla para saber qué hacer.

Estos factores de conocimiento adquirido y por adquirir son esenciales en momentos de urgencia, como el caso de los mineros chilenos. Si el equipo con el que se contó no hubiera dispuesto de conocimientos previos y se hubiera dedicado a “aprender” durante el rescate, seguramente no podríamos contar con un final feliz. Respecto a este asunto del aprendizaje en las empresas, tengo que mencionar lo que actualmente hacen muchas organizaciones en España para abaratar costes: el becario. Me pregunto, ¿Sale a cuentas realmente? ¿Qué ocurre en empresas que trabajan con urgencia? Algunas empresas en las que he hecho prácticas pasan todo el año contratando becarios durante un periodo de 3-6 meses. Esto significa que la persona se irá de la empresa con conocimiento aprendido pero no lo podrá aplicar allí más. Es difícil desarrollar un trabajo en equipo cuando la formación de este es inestable y se producen constantes cambios en el personal. Pongo en duda la palabra “experto” en muchos de los jóvenes de hoy en día, ya que el término “becario” es más llamativo para las empresas.

J.M. Aldanondo cita lo siguiente:

Las funciones básicas de gestionar lo que sabe (conocimiento) e incorporar nuevas experiencias para su uso posterior (aprendizaje) son las características a las que Peter Senge, parafraseando a Arie de Geus, se refiere en su elogiado libro “La Quinta Disciplina”, cuando declara “La única fuente de ventaja competitiva sostenible será la capacidad de tu organización de aprender más rápido que las demás”. En realidad, Charles Darwin había dado ya señales inequívocas con su teoría en “El Origen de las Especies” donde sostiene que lo que explica que unas especies evolucionen y sobrevivan respecto de otras es su capacidad de adaptarse, de cambiar, es decir, de aprender más eficientemente.

Por último, me gustaría hacer un breve comentario sobre la siguiente idea de J.M. Aldonondo: “hoy somos más inteligentes que hace 100 años“. No estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación. Como él mismo también expone más tarde, sí es cierto que hoy en día contamos con más medios tecnológicos que nos hacen posible un conocimiento más profundo y científico de las cosas. Pero ¿hasta qué punto se puede medir la inteligencia de hoy con la de hace 100 años? Cuando estuve viendo las pirámides del Sol y la Luna en Méjico el pasado mayo pensé en cómo es posible que construyeran esto en el año 1-150 d.C. y que hayan tardado 40 años en construir el metro de mi ciudad, Sevilla. La única diferencia que veo es la tecnológica, pero cuando consigues construir algo tan monumental sin  apenas medios que te lo permitan, la inteligencia cobra más valor, a mi juicio.

 

 

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